Notas de amor y la gran decisión

Se fue temprano y dejó una nota con un dibujo a lápiz debajo de su taza o plato o vaso todos los días. Duro, infantil, eran un sello para ella que necesitaba para asegurarse de ser amada. 

Trabajaba en casa, en la cálida rutina impuesta por las circunstancias. Tomó café mirando el silencio y nadie afuera, pero, oh, qué recompensa: las notas con dibujos que dejó.

La alegría era saber dónde, y ella fingió que era difícil de adivinar: ¿platillo, taza o vaso? Encontrar dónde estaban los preciosos boletos hizo su primera hora del día algo que alimentó el resto del tiempo.

Eran logos años de boletos, siempre dejados en los mismos lugares, siempre diciendo lo mismo - los dibujos eran reproducciones de situaciones en las que vivían, los corazones volaban por los cielos de la escena, los dos estaban hechos con palillos de dientes porque no sabía hacer carne - solo huesos de personas. Pero pensó que la precariedad y la regularidad de las entradas eran hermosas. Cuanto amor.

Pasó el tiempo y los contratiempos surgieron con él.

Las entradas escasearon a medida que aumentaron las disonancias. Le exigió lo que ella no quería ser. Ella solo quería que él la amara, ¿dónde estaban las notas, los corazones volando en el cielo del paisaje, el juego de las escondidas de las servilletas dibujadas?

Se puso cada vez más nervioso, se quejaba de todo todo el tiempo. Perdió el deseo de hacerlo bien. Cuanto más reaccionaba ella, más irritable se volvía.

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Hasta que un día, dijo una frase que se convirtió en un globo gigante e indestructible:

- Cállate la boca. Soy al menos diez veces más inteligente que tú.

Ella no dijo una palabra. Recibió la bofetada que era esa frase, se levantó, arregló el vestido, su habitación, quiso darle una apariencia de tranquilidad a su mundo exterior - por dentro, ella se había derrumbado, pero algo bueno haría eso.

Se fue a trabajar.

Cerró la puerta, la cerró con llave.

En dos horas, ella lo llamó:

- No volverás a la casa.

No entendió nada. ¿Cómo es que esa mujer repentinamente incapaz de responder a la agresión toma tal acción? Trató de reaccionar, pero no había manera. Simplemente regresó para tomar lo que era suyo, ya empacado para un viaje nunca más.

Encontró las notas por casualidad al encontrar un cajón. Y qué gozo fue desmoronarse uno a uno sin la menor curiosidad por releer uno.

Tal vez ella no había prestado mucha atención a los dibujos, él solo hizo huesos de personas.

POR CLAUDIA NINA - [email protected]

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Claudia Nina

Toda mi ficción tiene una pequeña confesión, personal o de la vida de otra persona. Creo que traje esta locura por cuidar el mundo desde el periodismo y, de alguna manera, transformar el reflejo de este mundo en mí en texto. Tengo 13 libros publicados, desde novelas hasta niños, pasando por cuentos y ensayos. Creo que solo falta la poesía, pero se la debo.