Propiocepción: ejercicio para mejorar tu cerebro

El ejercicio regular es una buena forma de mantener su cuerpo sano. Hasta ahora nada nuevo. Pero los expertos están descubriendo que la actividad física también ayuda a mantener un cerebro y una mente más saludables en la vejez. Estudios recientes han apoyado esta evidencia. En uno, un grupo de investigadores de la Universidad de Columbia en Nueva York analizó los datos recopilados de aproximadamente 7.700 personas comparando las autoevaluaciones del estado de salud mental con el registro de actividad física semanal.

Los resultados relacionaron el ejercicio regular, idealmente entre dos horas y media y siete horas y media a la semana, con un mejor rendimiento mental. En otro estudio, realizado en el Reino Unido con casi 700 adultos de 70 años, se encontró que la actividad física protege los tejidos cerebrales de la atrofia y los cambios en el volumen cerebral, hecho asociado con el deterioro cognitivo y la demencia.

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¿Cómo colabora mantener el cuerpo en forma para que ocurra el mismo efecto en la mente?

Para empezar, el ejercicio regular ayuda a prevenir el desarrollo de diabetes, enfermedades cardiovasculares e incluso presión arterial alta, y estos problemas, a su vez, aumentan el riesgo de desarrollar demencia.

Piense en el cerebro como una orquesta. Para jugar, las partes del todo deben estar coordinadas entre sí. Lo mismo ocurre con el cerebro. Si las conexiones se rompen o dejan de existir, el cerebro no realizará sus funciones a la perfección. Los ejercicios también pueden estimular el crecimiento y la reparación celular. La mejor noticia es que algunos de los beneficios son visibles en muy poco tiempo, sin importar la edad. ¡Romper con la rutina es bueno para el cerebro! De hecho, cuando cambiamos nuestros hábitos, enviamos nueva información a las neuronas responsables de la ubicación del cuerpo en el espacio, que tienen que adaptarse. La introducción de algunos ejercicios sencillos en la vida diaria representa un estímulo adicional para el cerebro. Así permanecerá alerta y alcanzará el máximo de su capacidad de propiocepción.

¿Qué es la propiocepción?

La propiocepción es la capacidad sensorial de percibir la posición relativa de nuestro cuerpo en el espacio. Aunque es un concepto cercano a la cinestesia, la propiocepción se diferencia de este en que también incluye un sentido de equilibrio. En cada instante, el cerebro es informado sobre la posición de nuestras extremidades y sus trayectorias en el espacio mediante una red de sensores propioceptivos, ubicados principalmente en las articulaciones, dentro de los husos neuromusculares (receptores sensoriales de los músculos, que indican su grado de alargamiento) y de los tendones. Según el origen del mensaje, la información recogida es tratada por distintas partes de la corteza cerebral, sede de las funciones nerviosas más importantes, en particular el movimiento voluntario. Después del análisis de la corteza, las respuestas se envían de regreso a los músculos, tendones y articulaciones.

La propiocepción es, en cierto modo, el sexto sentido que le permite al cuerpo mantener el equilibrio y no caer cuando pasa de una posición estable a una inestable. El acto de caminar, por ejemplo, es una sucesión de posiciones inestables, y los impulsos provenientes de los sensores propioceptivos, así como el tono muscular, se activan siempre para garantizar el equilibrio del cuerpo.

Conservando el sistema propioceptivo

A medida que envejecemos, el sistema sensorial y propioceptivo sufre una disminución en su agudeza. Se afectan todos los elementos que intervienen en la regulación del control postural, y consecuentemente, de la propiocepción, ya sea el control central de la postura y el movimiento, los músculos, tendones y articulaciones responsables de la parte activa del control y equilibrio postural, o la Sensores propioceptivos. Esta disminución de la capacidad propioceptiva conduce a una valoración errónea del entorno y constituye una fuente de accidentes, en particular, caídas para los ancianos.

Pero esta disminución de capacidad no es inevitable. La adopción de posturas variadas durante las actividades diarias estimula la propiocepción, proporcionando un esfuerzo adicional, aunque inconsciente, a las neuronas. Además, este tipo de ejercicio aumenta la flexibilidad de las articulaciones y ayuda a adquirir un mejor sentido del equilibrio, disminuyendo así el riesgo de caídas. Con un poco de entrenamiento, los movimientos se pueden realizar incluso con los ojos cerrados para aumentar su nivel de dificultad.

Neurobics o "gimnasia cerebral"

Durante la realización de actividades rutinarias, solo se activa una pequeña parte de las neuronas, ya que el cerebro no presta atención a las tareas para las que está acostumbrado. Para estimularlo, por tanto, hay que cambiar los hábitos. Esto es lo que propone la neurobicidad.

Este tipo de gimnasia consiste en ejercicios cerebrales muy sencillos, que permiten que el cerebro funcione de manera diferente, evitando así que caiga en la rutina. Por ejemplo, puede intentar lavar los platos invirtiendo el papel que normalmente asigna a sus manos, cepillándose los dientes balanceándose primero en un pie y luego en el otro, o incluso manejando el mouse con la mano izquierda si es diestro. También puede invertir el tenedor y el cuchillo con las comidas o insertar la llave en la cerradura con los ojos cerrados. Al hacer cada día diferente y nuevo para el cerebro, es posible preservar al máximo su capacidad. Vea otros ejercicios a continuación que beneficiarán su propiocepción.

Ejercicios cerebrales

Algunos ejercicios tienen diferentes niveles de dificultad: cuando domines un movimiento, pasa al siguiente paso para obtener el mejor resultado.

Ejercicio 1 - Nivel principiante

Ejercicio 2 - Nivel principiante

Ejercicio 3 - Nivel competente

Ejercicio 4 - Nivel competente

Ejercicio 5 - Nivel competente